Activar el modo juego

“No dejamos de jugar porque envejecemos; envejecemos porque dejamos de jugar” George Bernard Shaw

Gerardo Colmenero

3/20/20258 min read

four boy playing ball on green grass
four boy playing ball on green grass

Me siento emocionado porque estoy aprendiendo a tocar el piano. Desde hace más de un año que llevo a mis hijos a clases de música y hace un mes compramos un piano para practicar en casa. A eso se sumó una app buenísima con la que tocamos los éxitos de ayer y hoy, como dice el locutor. Se nos ha vuelto una actividad que nos fascina. Totalmente de acuerdo con la palabra que en ingles significa tocar un instrumento y jugar: play.

Ahora entiendo que tocar música puede ser como un juego. En algún momento en la escuela llevé la clase de música y recuerdo que saber que me darían esa materia me pareció interesante aunque no fuera algo que buscaba. Al poco tiempo mi interés se desmoronó, no solo la clase fue impuesta, también el instrumento (flauta dulce) y para rematar el profesor la mayor parte del tiempo estaba aburrido. Todo esto para concluir: la música como los juegos no pueden ser impuestos. El juego requiere libertad para participar en él o no. En el juego estamos contentos y gozamos, y en la música también. En cinco palabras: el juego es una actitud.

La doctora en letras Martine Mauriras-Bousquet escribe: "Si se introduce en un laberinto una rata bien alimentada y sin ningún motivo particular de inquietud, el animal se pone a recorrer sus nuevos dominios, a explorarlos sin ninguna razón evidente, puesto que no tiene hambre ni miedo, sino más bien por curiosidad, por ganas de jugar. De este modo se familiariza al parecer con el plano del laberinto; por ello, si se la introduce en ayunas en el mismo laberinto tras haber puesto en él comida, la rata descubre enseguida el camino que conduce al alimento; en todo caso, mucho antes que otra rata que no haya estado allí antes jugando y no haya podido averiguar cuál es su configuración."

Siguiendo con la música, qué diferente es si desde niños nos acercan instrumentos musicales para tocarlos como se nos de la gana: darle palmadas al fondo de la guitarra o rasgarla y jugar que cantas, incluso imaginar que la flauta es un cohete cuando nos

cansamos de soplar. La clave está en explorar el material y el entorno sin objetivo, tocar los instrumentos de nuestra cultura y familiarizamos con ellos y su uso. ¡Cuántos objetos de nuestra cultura parecieran estar bajo un capelo con una tediosa ficha técnica!

Ese acto de explorar va de la mano con la curiosidad y ambas con el juego. Curiosidad, exploración, juego. El trío que para Mauriras-Bousquet son los “factores de creación e invención, lo que sustentan los mitos, los ritos de la vida en sociedad y la ciencia misma.” En el mismo sentido el filosofo e historiador Johan Huizinga sostiene en su libro Homo ludens la teoría que el juego precede a la cultura, es decir que la cultura brota del juego.

Más cercano a nosotros el escritor Gabriel Zaid comenta: “Según Marshall Sahlins (Economía de la Edad de Piedra), las tribus recolectoras (hoy en zonas recónditas de Australia, Brasil, Africa) no trabajan: conversan mientras andan de shopping por la naturaleza; no trabajan: juegan, mientras andan de cacería o de pesca. Vivir así es “ser de otro modo” (como dice Huizinga del juego). Pero no como pausa, distracción o suspensión de la vida ordinaria, sino como vida ordinaria.”

Este ser de otro modo en la vida ordinaria es lo que hemos olvidado la mayoría de los adultos. De niños teníamos de manera natural activado ese otro modo. Pasaron los años y fuimos normalizando cierta actitud de ¿qué será? ¿sensatez?, ¿gravedad?, “no estés jugando” . Dice el maestro José Antonio Fernández Bravo que los adultos somos como niños, pero empobrecidos.

Andre Stern es músico, luthier, conferenciante y autor francés, y considero además que es una persona que aún trae activado ese ser de otro modo en la vida ordinaria. Escribió un libro titulado Jugar en donde se puede leer lo siguiente: “Soñamos con ver en nuestros adultos la seriedad con la que nuestros niños juegan. El niño que juega no pierde el tiempo, no se dedica a un hobby o a una afición. Os habréis fijado en que solo para los adultos “jugar” y “divertirse” significan lo mismo.”

Como adultos tenemos dos confusiones sobre el juego. En la cita de Stern hay una clave sobre la primera confusión, se nos desactivó el modo juego porque no tiene sentido si no es como un momento en donde hay que divertirse y nada más. Traigo a cita el pensamiento de Stern porque eso es tan real en nuestra vida adulta que hasta lo establecemos en documentos importantes para la sociedad, y para los niños en particular, como lo es la Ley general de los derechos de niñas, niños y adolescentes de

México, que en el artículo 60 cita el juego por primera vez y como derecho, y claro está que en coherencia con esa forma de pensar el juego está contenido en el capítulo décimo segundo: De los derechos al descanso y al esparcimiento.

Entonces, ¿qué es el juego? El juego es en palabras de Martine Mauriras-Bousquet “una actitud existencial, una manera particular de abordar la vida que se puede aplicar a todo sin que corresponda a nada en particular. Puro apetito de vivir”.

Recuperar el sentido de la palabra juego es importante. La otra clave está en no confundir dos conceptos que continuamente mezclamos: juego y juegos. En inglés lo escriben play frente a games. Si para el adulto es igual jugar que divertirse, es porque entiende al juego como el efecto de los juegos con los que nos entretenemos, por ello que quede claro algo, y lo dice bien Mauriras-Bousquet “Ningún juego instituido garantiza el juego.” Cuántas veces y con cuánta expectativa se han comprado los últimos juguetes de moda para los bebés y ellos prefirieron jugar con la caja. Que no se nos olvide que ellos sí traen activado el modo juego. Continúa Mauriras-Bousquet “En cambio, muchas actividades que no suelen considerarse juegos pueden muy bien ser vividas lúdicamente: un viaje, una charla animada, la creación o el disfrute de una obra de arte, el conocimiento del prójimo, un paseo, el trabajo mismo, todo puede vivirse como un juego sin que lo sea de manera constante.”

James P. Carse nos dice que existen al menos dos tipos de juegos, “A uno de ellos se le podría llamar finito y al otro infinito. Un juego finito se juega con la finalidad de ganar, mientras que el juego infinito se juega con la finalidad de seguir jugando.” El profesor Carse en su libro así titulado Juegos finitos y juegos infinitos divide actividades humanas en unas u otras, considerando al juego infinito como una filosofía de vida.

Para seguir aclarando la confusión entre juego y juegos volvamos a la infancia donde estaba activado el modo juego. ¿Qué pasa cuando los niños juegan a algún deporte en la calle? Sí, me refiero a ese futbol donde son suficientes algunas piedras y cualquier pelota, al beis en el terreno baldío, o al basquet en la cancha de concreto que también funciona para el voli y el baby fut. Aclaro que no me refiero al deporte formal, ese donde tantos papás ahora llevamos a los niños como son las clínicas de futbol o la liga infantil de beisbol. La manera que primero mencioné podría llamarse informal o juego infinito y ese sí es simplemente un juego, aquel donde los niños eligen, dirigen y participan gustosa y libremente. El otro modo es el formal, es un juego finito, solemos llamar juegos (no juego) a esos deportes dirigidos por adultos.

En el modo informal o juego infinito, que sí es un juego, dice el psicólogo Peter Gray que encontramos cinco valiosas lecciones:

Lección 1: Para que el juego continúe es necesario que todos estén contentos. La libertad más básica en todo juego verdadero es la libertad de abandonarlo.
Lección 2: Las reglas son elaboradas y modificadas por el jugador. A causa de que en un deporte informal nada está estandarizado, los jugadores tienen que idear y modificar las reglas con el propósito de adaptarlas a las diferentes condiciones que se presentan. Pocas lecciones podrían ser más valiosas para una vida democrática.

Lección 3: Los conflictos se dirimen mediante el debate, la negociación y el compromiso. Los niños que juegan deportes de manera informal practican muchas cosas a la vez, y tal vez lo menos importante sea el deporte mismo.
Lección 4: No hay diferencia real entre el equipo propio y el equipo contrario. En un deporte informal los jugadores saben desde el principio que la división en dos equipos es arbitraria y solo sirve para cumplir los propósitos del juego.
Lección 5: Jugar bien y divertirse son más importantes que ganar.

Concluye Peter Gray este apartado de su pensamiento acercándose a James P. Carse al concluir: “La vida real es un juego informal. Las reglas son modificables constantemente y las personas deben participar para crearlas. Al final no hay ganadores ni perdedores; todos terminamos en el mismo lugar. Llevarse bien con los otros es mucho mejor que derrotarlos. Lo que importa en la vida es cómo se realiza el juego, cuánto se divierte uno en el camino y cuánta alegría transmite uno a los otros.”

Una aclaración, no se trata de hacer menos al deporte formal, el cual tiene beneficios por supuesto. Algo que podría acercarse un poco al juego en el deporte podría ser el deporte de base o de formación para los más pequeños, y aún así en estos terrenos los adultos con su modo juego desactivado socavan la pequeña parte de juego que existe, ya sea con el entrenador ultra competitivo o el padre de familia que presiona a su hijo con gritos desaforados desde la tribuna.

Circula en la red un mensaje en video de la Fundación Bafra que lleva por título ‘No vengas’, en éste se puede ver a niños en un partido de futbol, y por ahí cerca a algunos adultos rondando tras la malla de protección, mirando con expectativa todo lo que sucede, se escucha la voz de un niño al paso de las imágenes:

“Si piensas que siempre tengo que ser el mejor. No vengas”
“Si para ti el resultado es lo más importante. No vengas.”
“Si vas a gritar al arbitro cada vez que crees que se equivoca. No vengas.”

“Si no puedes soportar que esté en el banquillo. No vengas.”
“Y si te vas a enfadar cada vez que fallo. No vengas.”
“Si vienes, ven a disfrutar, a animar y a descansar. Yo solo quiero jugar feliz.”

“Soñamos con ver en nuestros adultos la libertad incondicional que viven nuestros hijos en sus juegos. Nosotros solo volamos en sueños mientras que ellos vuelan con solo desearlo: son el avión, el pájaro, el piloto, el pasajero, el cielo... sin límites, sin frontera, sin fin.”

André Stern

Dos ejemplos notables de activar el modo juego en la vida. Roger Guillemin fue un médico francés que en 1977 ganó el Premio Nobel de Medicina. Un día invitó a su laboratorio al Dr. Stuart Brown, quien es experto en el tema del juego. Escribió Brown sobre su visita que Guillemin “era como un chiquillo describiendo sus experimentos. Comprendí que lo que ellos estaban haciendo cada día en el laboratorio era jugar.” El otro ejemplo es en grupo, hablo de la selección brasileña de futbol campeona del mundo en 1970 en México, esa selección trasmitía alegría, impresionaba y gozó bailando hasta la victoria, hacían el jogo bonito.

“El juego está dentro de la persona que juega y no en el objeto o la acción. Es nuestra actitud la que convierte la acción en juego y nos insufla el alma.”
Imma Marin

Y con todo, el juego no es útil. No busca la utilidad, no espera beneficios. Según Imma Marín, “el propósito del juego es el propio juego, que nace de manera instintiva para saciar nuestras ganas de aprender y crecer.” Jugar y dejar que surjan los frutos.