La utilidad de un profesor apasionado de las cosas inútiles
“Quiero que llegue a saber exactamente lo especial que es, o de lo contrario no se dará cuenta cuando esa certeza empiece a desvanecerse. Quiero que se mantenga despierto... Quiero estar seguro de que verá todas las posibilidades, hasta las más locas. Quiero que sepa que todas las tribulaciones valen la pena con tal de hacerle cosquillas al mundo cuando se presenta la oportunidad. Y quiero que conozca el sutil, escurridizo e importante motivo por el que él nació ser humano y no silla”. - Herb Gardner
Gerardo Colmenero
3/30/20257 min read


Dedicado a Nuccio Ordine
Un acto de corrupción que cualquier persona puede hacer, y lo peor, contra sí misma, es elegir una carrera profesional por el solo hecho de que puede serle útil económicamente. Ese fue mi caso. El Gerardo Iván de ese entonces entendía, cuando tuvo que elegir la carrera a la que se dedicaría, que la más conveniente era mercadotecnia; y por supuesto, en toda lógica, cursó la carrera con el único propósito de graduarse: pasar los exámenes, contar con las asistencias requeridas, entregar los trabajos, e ir aprobando, una a una, todas las materias del plan estandarizado. Todavía años después de haberme graduado tenía pesadillas con la materia de estadística que daban a las siete de la mañana. Pensé en ese entonces en la elección de una carrera que me diera tranquilidad económica y nada más. No creo estar solo con ese pensamiento. Relata Nuccio Ordine en una charla en video que él siendo profesor cada año les tenía preparada una pregunta a los nuevos estudiantes de la universidad: “Chicos, ¿qué han venido a hacer a la universidad? Los estudiantes me miran con ojos un poco maravillados, porque no es una pregunta común el primer día de universidad. Y todos me responden: Profesor, hemos venido a obtener una licenciatura”.
Tarde me enteré que Nuccio Ordine falleció en 2023, fue profesor de literatura italiana en la Universidad de Calabria y escritor. Su obra más importante es La utilidad de lo inútil (2013), libro que ha sido traducido a veintidós idiomas (en treinta y dos países) y continuamente reeditado. Nuccio además era conferencista y en cada oportunidad manifestaba su critica hacia la educación y en particular a la educación en las universidades, llamaba a formar herejes, palabra que viene del griego y significa aquel que elige, “es decir, justo lo contrario de aquel que acepta las elecciones hechas e impuestas por otros. Saber elegir significa ser libre.”
Nuccio titula así la introducción de su libro Clásicos para la vida: Si no salvamos los clásicos y la escuela, los clásicos y la escuela no podrán salvarnos. Lo esencial de su trabajo está en mostrar como los clásicos responden todavía a nuestras preguntas; para él: “Los clásicos, en efecto, nos ayudan a vivir: tienen mucho que decirnos sobre el `arte de vivir ́ y sobre la manera de resistir a la dictadura del utilitarismo y el lucro”.
Regresando a mi historia, la universidad no me fue universal. Pensaba en graduarme y ser parte de la sociedad productiva, estar dentro del mercado y en fin, de forma inconsciente quería que el sistema económico se apoderara de mi siguiendo con toda esta lógica utilitarista. Para terminar con esta parte de mi vida te comparto que nunca he ejercido la mercadotecnia; aquí sigo con Nuccio Ordine: “¿la tarea de la enseñanza puede realmente reducirse a formar médicos, ingenieros o abogados? Privilegiar de manera exclusiva la profesionalización de los estudiantes significa perder de vista la dimensión universal de la función educativa de la enseñanza: ningún oficio puede ejercerse de manera consciente si las competencias técnicas que exige no se subordinan a una formación cultural más amplia, capaz de animar a los alumnos a cultivar su espíritu con autonomía y dar libre curso a su curiositas.” Leí el libro La utilidad de lo inútil (de donde proviene la cita) muchos años después de graduarme. Ojalá lo hubiera leído antes. Al día de hoy, reclama Nuccio, sigue privando la lógica del beneficio económico en el mundo de la enseñanza. Beneficio económico tanto para el estudiante, como para la universidad.
Desde el dominio de lo útil en la sociedad, útil como es una cuchara o un ladrillo, no es raro que inconscientemente las personas se perciban o perciban a otros como objetos: hay personas que se piensan desaprovechadas, están las que consideran que fulanito es una persona manejable, en muchas empresas se mide el rendimiento del personal, y en fin, a las personas se les da empleo. Por todo este lenguaje claro que se piensa que las personas necesitamos ser útiles. Pero ser útil no es una necesidad humana, quizá en este sentido lo que mas se acerca a una necesidad humana real es la necesidad de propósito, o la necesidad de contribuir, o la necesidad de realización, de ninguna manera es ser útil. “Condicionados a vernos como objetos (llenos de imperfecciones), ¿acaso es sorprendente que muchos acabemos relacionándonos de forma violenta con nosotros mismos?” dice el psicólogo Marshall Rosemberg. Siguiendo a Marshall (quien desarrollo un proceso de comunicación compasiva llamada Comunicación Noviolenta) pienso que las verdaderas necesidades en este contexto son las de tener conexión y tener sentido-significado. Sobre todo desde esta última quiero mencionar necesidades más puntuales como lo son el aprendizaje, la contribución, el crecimiento, el propósito y la realización. Ojalá alguien se hubiera acercado a mi en aquel entonces y me dijera: tranquilo Gerardo, la carrera profesional y el salario no son tus necesidades reales, son tan solo unas estrategias, de muchas que hay, para satisfacer tus verdaderas necesidades presentes y futuras.
La curiositas, que tanto proclama Nuccio, me llevo a descubrir la comunicación noviolenta. Dicho de manera muy amplia, este proceso de comunicación establece que cualquier acto de las personas son intentos por satisfacer sus necesidades. También de esa curiositas que pide Nuccio que conservemos siempre, van algunos párrafos de lo que mi curiosidad me ha llevado a entender ahora.
Entiendo ahora que el aprendizaje no es algo que inicia al entrar a la escuela y termina al salir de la carrera, la maestría o el doctorado. Es un proceso que se vive todo el tiempo y en cualquier lugar, creer que el aprendizaje queda solo en un tiempo y en un espacio escolarizado es permitir que se inserte en una lenta agonía, recuerdo las palabras de Jorge Drexler en la canción Movimiento: “Lo mismo con las canciones, los pájaros, los alfabetos. Si quieres que algo se muera, déjalo quieto.”
Entiendo que ni yo ni nadie somos el titulo obtenido en la universidad. Buscamos saber quiénes somos y sobre todo lo buscamos en la juventud, pero para colmo la universidad no nos es universal, es un circulo muy cerrado de opciones y aún así tampoco ahí está la respuesta, ¿por qué queremos saber quiénes somos? porque necesitamos ser reconocidos, aceptados, incluidos, apreciados, ser vistos, en suma; insisto, tenemos la necesidad humana de conexión, y para conectar con honestidad no nos va funcionar inmovilizar lo que somos a lo que dice un titulo académico. Lo que somos, como el amor de Rilke, no puede ser algo enjaulado. Traigo un párrafo de Nuccio del libro citado: “El amor, para retomar una espléndida imagen que Rainer Maria Rilke utiliza en una de sus cartas, necesita moverse libremente, necesita una mano abierta que le permita, sin obstáculos, detenerse o escapar. Apretar los dedos para inmovilizarlo significa convertir la mano en un ataúd. Porque poseer quiere decir matar:”
Entiendo con fascinación y consuelo que hay que leer y releer el poema Ítaca de Cavafis.
Me entiendo mejor a mi cuando elegí la carrera de mercadotecnia. Y es que el continente enseña igual o a veces más que el contenido, y el continente es ese espacio estructurado donde los intereses económicos mandan sobre la educación, dice Nuccio “Los sistemas de evaluación están dictados por tres grandes agencias internacionales. Muchas veces ni los colegas profesores lo saben. ¿Sabes cuáles son las agencias que dictan las reglas a las que nosotros debemos ceñirnos? Se las diré, son tres: una es el Banco mundial, la segunda es la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico; la tercera es la Organización Mundial del Comercio.”
Entiendo y respeto a Nuccio cuando en el pequeño y valioso libro Una escuela para la vida (2018), escribe: “Los profesores deberían hacer entender a los estudiantes que el mensaje que la sociedad les transmite es erróneo: la función principal de la escuela no es la de preparar para el ejercicio de una profesión. Pedirle a un niño de doce años que piense en lo que hará de mayor, que escoja ya lo que quiere estudiar es, en mi opinión, un acto casi criminal. Un niño de doce años tiene que aprender, no tiene que pensar en el trabajo y en el dinero. Al contrario, debemos intentar que la curiosidad de los alumnos y su deseo de aprender y de mejorar no tenga límite. Los jóvenes han de ser como esponjas, han de absorber cuanto más mejor. Y, de hecho, está perdido de antemano el reto de orientar a los jóvenes con arreglo al mercado, decirles por ejemplo: “Elige esta profesión, que hoy es la más solicitada”. Todos los economistas explican que la característica principal del mercado es la celeridad con la que cambia. Pero la escuela requiere plazos largos para la formación. Si al niño de doce años le decimos hoy que estudie para ejercer una determinada profesión que tiene mucha demanda, cuando termine, unos años después, ¿quién le garantiza que será todavía una profesión solicitada? Sería mucho mejor prestar atención a lo que explico el gran científico Einstein: la tecnología y la ciencia necesitan de la creatividad, y a la creatividad la estimulan la curiositas, la imaginación y la fantasía.”
Admiro el trabajo de Nuccio por una educación libre en donde se formen herejes, las personas que eligen. Al mismo tiempo con mucho respeto observo a Nuccio dando la batalla desde el mismo sistema escolar, ese que no ha cambiado en más de cien años. Un sistema cuya arquitectura invisible no permite precisamente el ejercicio de la libertad. La escuela tradicional condiciona el sometimiento de las personas de muchas maneras, comparto algunas de las estrategias que nos parecen tan normales: la jerarquía de poder, el alumno es el último que elige que quiere aprender, desde un escritorio varios altos funcionarios educativos que gozan de poder autorizan un plan de estudios que es obligatorio seguir. En este mismo sentido esta la homogeneización de los conocimientos, todos los alumnos de un mismo grado aprenden lo mismo al mismo tiempo, y en ese grado y los demás se ha seleccionado solo una mínima parte de todo el enorme conocimiento humano, se escogió lo que se pensó que es el que debe saber esa persona a esa edad, no importando sus intereses, sus habilidades, su contexto o el estado actual de desarrollo de su cerebro. Otro tema es el premio y castigo, una estrategia tan normalizada para controlar las conductas de las personas, y no solo en la escuela.
Si te sientes perdida, paralizada, bloqueada, porque tienes necesidad de claridad o de inspiración, es deseable escuchar y leer a Nuccio, así es probable que conozcas un poco más de los clásicos, y luego sepas y elijas con un poco más de honestidad y sentido como contribuir a tu vida y a la de los demás.